LIBERTAD PARA CURSAR RELIGIÓN

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LIBERTAD PARA CURSAR RELIGIÓN

De manera periódica, y un tanto recurrente, sale en los medios de comunicación este tema tan controvertido relacionado con la religión y la educación. Digo controvertido porque se le quieren buscar las vueltas; no porque en realidad lo sea.

Cada vez que un gobierno, ya sea nacional o regional, quiere dejarse notar en materia de educación, echa mano de la enseñanza de la religión, remueve las aguas y espera a ver qué pasa. Es lo que está pasando ahora con la polémica aplicación de la controvertida “Ley de ideología de Género”.

Más allá de las consideraciones morales, espirituales y sociales, que no todos quieren ni pueden ver, están las cuestiones formales y legales. Basándonos en estas últimas podemos decir que hay que respetar la enseñanza de la religión en nuestros colegios e institutos, simplemente porque lo dice la Constitución Española, ya que en su artículo 27.3 dice textualmente: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Esto, por sí solo, debería bastar. Hacer otra cosa sería inconstitucional.

Hay quien argumenta que la religión no se debería enseñar en los centros educativos, ya que para eso están las catequesis y los centros religiosos. Apelan a la laicidad del estado sin comprender que un estado o gobierno puede ser laico, pero no lo somos las gentes que lo componemos. Siguiendo ese argumento, tan simple como equivocado, también sería lógico preguntarse si en los colegios ha de impartirse la enseñanza de la música; ya que a quien le encante esta disciplina, para eso tienen los conservatorios y las escuelas de música. E incluso la signatura de educación física, sobraría, puesto que pocos de los alumnos llegarán a ser grandes deportistas y, en cualquier caso, para eso tienen las escuelas deportivas y los clubes. ¡Qué simpleza!

Quien así opina, no ha comprendido la importancia de la religión en la vida de las personas y en su educación. El ser humano es un ser religioso por naturaleza. Es un ser llamado a la trascendencia y a la búsqueda de Dios. Su esencia es la de unirse al Creador y participar “con él y en él” en la misión de instaurar el Reino de Dios, que no es otro que el reino del Amor.

Si en nuestro sistema educativo se menosprecia, ataca o relega la enseñanza de la religión, o no se le da la misma importancia que al resto de asignaturas, estaremos condenando a nuestros alumnos a la pérdida de ciertos valores espirituales y morales y, por qué no decirlo, a una gran ignorancia del hecho religioso. Cuando, en su momento, el gobierno de turno decidió suprimir la hora de tutoría en los centros de primaria, su hueco lo tuvo que ocupar la clase de religión, ya que muchos alumnos no encontraban espacio para expresar y reconducir sus sentimientos y formarse moral e íntegramente.

Conviene decir que en muchas ocasiones no hemos estado a la altura, desde la misma Iglesia católica, en el desarrollo de esta asignatura; que no es catequesis, sino formación. De ahí la responsabilidad de impartir bien sus contenidos y hacerlo como lo hacia el Maestro. Hoy hemos de tratar este tema, en medio de tanta discordia, enfrentamiento e imposición con la calma necesaria y la lucidez de Jesús cuando enseñaba a los que le seguían y recordar muchas veces lo que dice el Evangelio: “Viendo que andaban como ovejas sin pastor, se puso a enseñarles con calma” (Mc 6,34)

Solo con una actitud de respeto a la persona, todos colaboramos a la formación y educación integral de la misma, pues la persona no es un robot, sino alguien que piensa, siente y tiene un sentido trascendente que no podemos ocultar, y la formación religiosa es una más dentro del desarrollo de la persona. Dejar de hacerlo es dejar facetas sin desarrollo de la misma.

La asignatura de religión contribuye de manera insustituible a la educación integral de la persona y a su formación en plenitud. Los padres o tutores legales tenemos derecho a que se eduque a nuestros hijos en la Fe que nosotros hemos heredado de nuestros antepasados y que tanto bien ha hecho a nuestra cultura actual y al desarrollo de la persona. Es una cuestión moral y una opción personal que el Estado tiene la obligación de respetar y de desarrollar. No hacerlo sería dejación de sus funciones. Decidir sin respetar los derechos de los padres, sería usurpación.

2019-01-04T11:55:07+00:00